Colegio Sagrado Corazón

Sagrado Corazón

COLEGIO Y CENTRO DE FORMACIÓN PROFESIONAL

CATÓLICO Y PRIVADO-CONCERTADO

"Con el corazón mirando al futuro"

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Volad, amigos, volad…

Un curso más. Otro peldaño en la escalera de la vida. Una etapa que se acaba, un sueño renovado que abre los ojos, un proyecto que empieza a tomar cuerpo.

Acabar la Educación Secundaria es meter el corazón en una coctelera y agitarla. El resultado es una mezcla indefinible de tristeza y emoción, de nostalgia y deseo, de miedo a lo desconocido y de ganas de comerse el mundo.

Así lo vivieron ayer nuestros alumnos de cuarto de Secundaria en el día de su graduación. Y así lo vivimos nosotros con ellos. 21 de junio de 2021. Una fecha para bordar con letras de oro.

Tan bellos, tan elegantes, tan ya casi hombres, tan ya casi mujeres. Fueron a misa, rezaron y cantaron, se acordaron de darle las gracias al Señor por lo ya vivido, y a pedirle para lo por venir.

Cruzaron después al cole. Su cole. El último día de cole. Qué vértigo. Qué ilusión. Caminaron solemnes hasta sus asientos, escucharon las bellas palabras que les dirigió la profe Conchi, maestra de Ceremonias. Y las de Inma, su tutora, tan emocionada como ellos. Y las de Don Julio, representante de la Asociación, que les llamó “amigos” verdaderos y les invitó a seguir el camino que han comenzado. Y las de Marisa, la directora, que les recordó que las puertas del Sagrado Corazón están siempre abiertas.

Cerró el acto el discurso de los propios alumnos. Tan maduro, tan lleno de reconocimiento. Hubo palabras de agradecimiento para los profes que están y para los que ya acabaron su etapa profesional, como nuestro inolvidable Don Ángel, como “Chispi”, la orientadora cuyo despacho estuvo abierto siempre para aplacar miedos y reconducir caminos.

Luego se fotografiaron, como estrellas de rock, delante de padres, madres y seres queridos. Muchos más hubieran querido estar. Lo sabemos. Sentimos no haberlos autorizado, pero la covid nos hizo una de sus últimas (esperemos) canalladas.

Cuando todo acabó, se quedaron a solas con los profes. Abrieron pizzas, bebieron refrescos, recordaron anécdotas y sonrieron, empezando a paladear la nostalgia inevitable.

Y luego se apagaron las luces, se hizo el silencio… Y se encendió el escenario de la vida. Y ahí están ellos ya, dispuestos a acaparar los focos, desplegadas sus alas al viento. Y aquí nosotros, mirándolos con orgullo y preparándonos, un verano más, para dar a la siguiente promoción lo mejor de nosotros mismos, en un ciclo sin fin que empezó hace ya 72 años y que nos empeñamos en prolongar…

Hasta el año que viene. Volad, amigos, volad…

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